martes 13 de julio de 2010

El simbolismo de las flores en
Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores, de Federico García Lorca, por Nicole Urzúa Ayala.

Introducción

En el presente ensayo busco demostrar la importancia del simbolismo de las flores en la obra dramática Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores de Federico García Lorca. Esta obra fue publicada en 1935 y es considerada una de las obras más sutiles de Lorca, ya que no se centra en un drama pasional (como Bodas de sangre), sino que en la vida de una mujer que decidida a ser fiel a su primer amor, se queda sola por el resto de su vida. Es importante señalar que la fidelidad es una de las características propias de la mujer andaluza, Lorca claramente toma este punto para acercarse a sus raíces.
Para presentar esta temática del paso del tiempo en la vida de una mujer, Lorca toma el simbolismo de las flores. Mediante éste, representa el ciclo de la vida de su protagonista doña Rosita:

“[…] García Lorca recrea […] la duración efímera de la rosa, comparable a la de la vida humana; la rosa, que es roja por la mañana, se pone blanca a la caída de la tarde, y se deshoja por la noche, simboliza la existencia de Rosita: enamorada y feliz en su juventud, languidece con la partida de su novio a lejanas tierras, y se consume lentamente en una infructuosa espera” (Anón.,4).

Entonces se representa un ciclo que va desde la belleza de la juventud al deterioro, en una adultez amarga y solitaria: Rosita es una rosa que se marchita.
En cuanto a su estructura esta obra se divide en tres actos y se establece temporalmente: “[…] en una época [de] –fin de siglo, comienzos del 900–” (Berenguer, 148), y se ubica en un: “[…] ambiente provinciano [y] granadino […]” (Anón., 4). Sus personajes, en orden de importancia, son: Doña Rosita, el sobrino (primo de Rosita, el novio), el ama, la tía, el tío, las 3 Manolas, las 3 solteras, madre de las solteras, las dos Ayolas, el catedrático, don Martín, el muchacho, dos obreros, y una voz. Los espacios en que se desarrolla el acontecer dramático son dos: el primero (y principal) es la casa donde vive doña Rosita, su tía, el tío y el ama. El segundo (final) es la calle, un día de lluvia que acompaña el desenlace decadente del drama.
Respecto a la fábula, la acción dramática se inicia con la decisión del novio de doña Rosita (que es su primo) de viajar a Tucumán a aumentar sus ganancias económicas y le promete a Rosita que va a regresar para que se casen. Durante su distanciamiento el primo le escribe cartas a Rosita manteniendo la promesa de matrimonio, pero pasados diez años llega la noticia de que el primo lleva ocho años de matrimonio en Tucumán. Sin embargo, Rosita sigue esperando su regreso, pasan quince, veinte y veinticinco años y el primo nunca regresa. Rosita se queda soltera. Muere su tío, les hipotecan la casa, llega la vejez a la familia y se mudan en un día de lluvia.

Contextualización

El drama de Federico García Lorca se caracteriza primeramente por la presencia de personajes determinados por un destino fatal, que muchas veces se advierte en augurios o sueños: “[...] en sus obras dramáticas se nos revela […] la resolución de la superstición y del misterio en la realidad última: el sino fatal del hombre” (Salinas, 206), por lo que los finales son siempre oscuros y negativos, los individuos no pueden ser felices porque están determinados por el “sino fatal”. Dentro de este destino los personajes de Lorca sólo tienen encuentros apasionados, no aman verdaderamente, sino que todo el juego dramático se da en un espacio de pasiones carnales. Relacionado directamente con doña Rosita la soltera, se demuestra la característica de la figura femenina: “[…] no tiene otra finalidad esencial que la de concebir” (Berenguer, 137), Rosita acaba en la degradación porque –por decisión personal– no rehace su vida amorosa y no consigue tener hijos, no tiene descendencia por lo que sí o sí su final debe ser negativo. Respecto al lenguaje, mantiene los juegos metafóricos y símbolos ya utilizados en su poesía.

Simbolismo de las flores

En doña Rosita la soltera, García Lorca utiliza el simbolismo de las flores de cuatro maneras: la caracterización nominativa del nombre de Rosita, enamoramiento y decepción de Rosita, la juventud y vejez de ésta (lo efímero de la vida), y la muerte. Primero analizaré la caracterización nominativa:
La caracterización nominativa está centrada en Rosita, ya que aparte de don Martín (personaje secundario), es la única que tiene nombre. El nombre Rosa se asocia con la flor del mismo nombre, ésta se puede tomar como la rosa roja (como la pasión, el amor, el eros) y como la rosa blanca (símbolo de la pureza e ingenuidad). Según el carácter de Rosita y sumándole que no se le llama nunca Rosa, sino que siempre por su diminutivo, se vincula de forma inmediata con la idea de rosa blanca, la rosa pura. Pues doña Rosita, permanece fiel al recuerdo de su primo, no se involucra amorosamente con nadie, por lo que llega virgen al período de adultez. Llama la atención que se le anteponga el doña a su nombre de pila, siendo que Rosita como dije anteriormente, permanece soltera en toda la acción dramática.
Es importante agregar que el símbolo de la flor blanca significa además de pureza:

“[…] la glorificación de la mujer, a punto de convertirse en una divinidad protectora de la familia y la casa, y especialmente con la intención de atraer sobre la recién casada toda la vitalidad y el poder fecundador de la madre tierra […]” (Salazar Rincón, 4).

Esta característica en doña Rosita no se puede llevar a cabo, debido al sino fatal que la determina.

En cuanto al enamoramiento y decepción de doña Rosita, es significativo señalar que la casa de Rosita tenía un invernadero, por lo que las flores y plantas otorgan la característica de fecundidad a la casa. Rosita está en edad fértil (el invernadero es húmedo), desea casarse con su primo, formar una familia en ese momento de su vida. Pero como señala la tía, a modo de presagio, el primo “sólo puede labrar otras tierras”, refiriéndose claramente a que no podrá casarse con Rosita:

Tía: Qué te vayas. Piensa que tu padre es hermano mío. Aquí no eres más que un paseante de los jardinillos y allí serás un labrador” (23).

Pero volviendo a Rosita, el enamoramiento se manifiesta en la figura de la “corona de flores”, en el momento en que le recrimina a su primo el hecho de abandonarla. La corona de flores que su primo tejió, simboliza la ilusión que se formó en sus adentros: casarse con su primer y único amor:
Rosita:

¿Por qué tus ojos traidores / con los míos se fundieron? / ¿Por qué tus manos tejieron, / sobre mi cabeza, flores? (84).

Pero además, según Salazar Rincón las guirnaldas y coronas de flores tienen una connotación sexual (que se puede vincular con el presagio de la tía):

“[…] las hojas y las flores, bien aisladas, o formando ramos y guirnaldas, han tenido y tienen todavía destacadas connotaciones de carácter amoroso y sexual […], nos proporcionan una imagen bella y sublimada de nuestra sexualidad, y, y en efecto, los jardines y las flores son una representación […] del sexo femenino en el simbolismo descubierto y analizado por Freud” (15).

Entendido de esa forma, la tierra que el primo no podrá labrar es, en lenguaje metafórico, el hecho de no poder engendrar hijos en doña Rosita. Sólo puede amarla temporalmente, “pasearse en sus jardincillos”.
El único momento en que doña Rosita manifiesta su decepción, es cuando el primo le anuncia lo del viaje, en el resto de la acción dramática sólo espera su regreso y se ciega ante la idea de que ya no lo volverá a ver:

Rosita: Una noche adormilada / en mi balcón de jazmines, / vi bajar dos querubines / a una rosa enamorada; / ella se puso encarnada, / siendo blanco su color; / pero, como tierna flor, / sus pétalos encendidos / se fueron cayendo heridos / por el beso del amor (35).

En este canto Rosita se refleja en una rosa blanca (al igual que el sentido de su nombre) que pierde sus pétalos al perder a su amor. El dolor de la decepción toma la figura de una flor que clava y hiere profundamente el alma enamorada, son heridas que sangran, como en lo que sigue del canto:

Rosita: Y en mi corazón sentí / agujas estremecidas / que me están abriendo heridas / rojas como el alhelí.

El tercer punto a señalar es la dicotomía juventud/vejez y lo efímero del tiempo. Esto se presenta en la rosa declinata descrita por el tío en el inicio de la obra: una rosa que tiene un ciclo vital de sólo un día, cambia de color pasando del rojo al blanco y termina por deshojarse en la noche, tal como ocurre en la vida de Rosita. La descripción de la rosa declinata le da una estructura circular a la obra, ya que comienza y termina con su descripción:

Tío: Es una rosa que nunca has visto […], la “rosa declinata” […] Es roja por la mañana, a la tarde se pone blanca, y se deshoja por la noche.

Cuando se abre en la mañana / roja como sangre está […] / y se desmaya la tarde en las violetas del mar, / se pone blanca, con blanco de una mejilla de sal. / Y cuando toca la noche […] / se comienza a deshojar (15 a 17).

Rosita en el desenlace, como en reconocimiento de su existencia solitaria y trágica, comienza a dar cierre a la acción dramática con estas mismas palabras, pero agregando un llamado a sí misma en el comienzo de la estrofa:

Rosita: ¡Doña Rosita! ¡Doña Rosita! Cuando se abre en la mañana […] (123).

La rosa declinata tal como indica su nombre, es una rosa que declina, que va permanentemente en su ciclo de vida a la decadencia. Doña Rosita entonces, es una rosa declinata que por decisión personal dejó pasar la vida frente a sus ojos, y terminó en la decadencia. Pasó de estar roja, o sea enamorada, a ser blanca (pura y fiel), a deshojarse debido a la espera infructuosa, a la soledad y al luto que se calla, por los rumores y burlas del pueblo que inevitablemente la van desgastando por dentro. Antes que su propia vida, de su realización como mujer, del carpe diem, está su ideal de fidelidad andaluz. Ella elige llegar a la vejez en soledad.
La muerte ronda a la familia a través de las sensaciones que tiene el ama referente a las flores, no se siente cómoda con el invernadero rodeando el hogar. Estas sensaciones y comentarios del ama, son claramente un presagio de que veinticinco años más tarde llegaría la decadencia absoluta a la casa, no hay una regeneración, no trascendencia, porque Rosita no engendra hijos, y este hecho según Berenguer es la finalidad única de la mujer lorquiana: “[…] no tiene otra finalidad esencial que la de concebir” (137):

Ama: “No, señora. A mí las flores me huelen a niño muerto, o a profesión de monja, o a altar de Iglesia. A cosas tristes” (10-11).

El presagio que entrega el ama, se refiere a la decadencia de la familia, a la muerte que se avecina, pero también al celibato personificado en doña Rosita. Ésta no se convierte en monja, pero es célibe, se mantiene virgen por el resto de su vida: “[…] en Doña Rosita la soltera, los ramos y las coronas de flores hablan de amor, de esperanza, de alegría, aunque también acompañan a los muertos” (Salazar Rincón, 21). En este caso, el muerto no es sólo el tío (que deja al resto de su familia en la calle), sino que es Rosita y su vientre que no pudo albergar vida.

Conclusión

Como conclusión, todos estos usos del símbolo de la rosa, junto con los versos de la rosa declinata (que entrega la estructura circular) y el subtítulo o el lenguaje de las flores, otorgan una sola línea temática a la obra. El símbolo de flor se enlaza con múltiples dicotomías, algunas históricas como la de lo nupcial y lo fúnebre, termina por personificarse en la protagonista de la obra dramática, Rosita: la que se deshoja por la noche. Todas las lecturas del símbolo rosa, finalmente apuntan a la protagonista: ingenuidad; enamoramiento/decepción; juventud/vejez y muerte. El ciclo de la vida de Rosita, no termina en una tarde como la rosa declinata, sino que termina después de esperar pacientemente durante veinticincos años el cumplimiento de la promesa amorosa. El tiempo pasó, pero ella no se arrepiente en lo absoluto, pues cumplió con un precepto importante en su cultura.

Bibliografía

• Berenguer Carisomo, Arturo. Las máscaras de Federico García Lorca. Buenos Aires: Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1969.

• Ponencia “La originalidad artística del lenguaje metafórico de Federico García Lorca”. Madrid: Ilustre colegio de doctores y licenciados en filosofía y letras y en ciencias de la comunidad de Madrid.

• García Lorca, Federico. Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores. Buenos Aires: Editorial Losada, 1943.

• Salazar Rincón, Javier. “Ramos, coronas, guirnaldas: símbolos de amor y muerte en la obra de García Lorca”. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. 2007.

• Salinas, Pedro. Literatura española siglo XX. Madrid: Alianza, 1970.

• Valbuena Prat, Ángel. Historia de la literatura española tomo VI. Barcelona: Editorial Gustavo Gili, 1983.

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  • PARA CITAR ESTE ENSAYO HÁGALO A NOMBRE DE: NICOLE URZÚA AYALA.
  • ES UN TRABAJO PARA MI SEMINARIO DE LIT. ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA.

1 Suicidios artísticos:

Biankiss dijo...

Buen ensayo Nicand! :)